miércoles, 2 de marzo de 2011

La muerte del Carnaval y su trasfondo psicológico

LA MUERTE DEL CARNAVAL
Ángel Almazán -  SORIAYMAS: 03/03/2003

En su aparente resurgir folclórico, el Carnaval sin embargo se muere pues el "revival" actual no corresponde a su esencia secular desde el punto de vista etnográfico.

 

Artículo publicado años atrás en varios periódicos y revistas (antes de divulgarlo en Soriaymas.com)

Estamos al final del ciclo carnavalesco, que etnográficamente comienza poco antes de la Navidad. El martes próximo Doña Cuaresma derrotará Don Carnal y con el Miércoles de Ceniza retornará la cotidianeidad. El arenque sustituirá al chorizo entre los feligreses y los disfraces regresarán a las tiendas de alquiler o quedarán arriconcados en un armario. Quedarán en la memoria los recuerdos, amores y desamores, y los barrenderos tendrán trabajo doble para recoger los vidrios rotos.



Ciclo carnavalesco

Aseguran los etnólogos que el ciclo del Carnaval se inicia en diciembre y concluye el Miércoles de Ceniza . Este período coincide con el solsticio de invierno y la peregrinación que realiza la Naturaleza y la psique humana buscando la primavera, estación del amor en la que todas las fuerzas y energías revuevan la vida física y psíquica.

Los romanos -a los que siempre hay que citar al hablar del Carnaval- lo festejaron con las Saturnalias en diciembre y las Lupercalias en febrero. El cristianismo asimiló éstas y otras fiestas paganas de invierno, las reestructuró y acomodó a su calendario emmarcándolas en rituales de la llamada "Risa Pascual". En medio situó la Epifanía (6 de enero), la fiesta de San Antonio Abad (17 de enero) y la Candelaria (2 de febrero).

Desde que se instauró la democracia-partitocracia actual el Carnaval parece haber recobrado viejos fueros y hoy se advierte un "revival" carnavalero. Pero hay que desengañarse: el Carnaval se encuentra en su peor momento. Está moribundo si, como parece, llevan razón etnólogos de la talla de Julio Caro Baroja. Para este investigador, que ha analizado diversos festejos sorianos, el laicismo burocrático y la secularización profana de la vida cotidiana han cercenado el hondo significado social y psicológico del Carnaval.

Desacralización del Carnaval

En su estudio monográfico sobre el Carnaval, Caro Baroja lo expresa en estos términos : "Mientras el hombre ha creído, de una u otra forma, que su vida estaba sometida a fuerzas sobrenaturales, el Carnaval ha sido posible. Desde el momento en que todo se reglamenta, hasta la diversión, siguiendo criterios políticos y concejiles, atendiendo a ideas de "orden social", "buen gusto", etc.., el Carnaval no puede ser más que una máquina de diversión de casino pretencioso. Todos sus encantos y turbulencias se acabaron".

Otro testimonio similar es el de Franco Cardini, para quien el racionalismo y la descralización del mundo han desvirtuado el Carnaval. Mordazmente comenta que se está muriendo porque la Cuaresma murió hace tiempo y "quien aborrece el arenque, manjar frugal, antiestético y maloliente, está destinado a descubrir tarde o temprano que la salchicha contiene toxinas y colesterol".

Franco Cardini considera que todas las fiestas tradicionales están perdiendo su idiosincrasia y efectividad psicológica al triunfar la visión lineal del tiempo que, para los antiguos, era cíclico, ya que vivían el "eterno retorno" del que nos habla Mircea Eliade, con una concepción sacra del tiempo . Los tiempos modernos, la era de la informática y el cronómetro, tienen a igualar el tiempo festivo y el cotidiano, en su opinión.

Estas consideraciones cobran un especial relieve al referirlas al Carnaval: "Es la elección del tiempo como entidad lineal y homogénea -ya no como entidad diferenciada y cíclica como en el modelo preindustrial- la que decreta el fin de las fiestas, su desaparición lenta por consumición. La diferencia entre las actitudes cotidianas y las festivas van borrándose; la gente vive cada vez más la realidad del reposo como un hecho individual. Las tensiones se relajan, en tanto que la fiesta, por el contrario, es un tiempo de intensidades, una ocasión en la que no se reposa, sino que se fatiga", concluye.

Para ambos autores la resurrección del Carnaval tendrá lugar cuando se sacralice nuevamente la existencia, tanto la cotidiana como la festiva. Mientras tanto, etnográficamente considerado, el Carnaval está en sus estertores mortales. Precisa otro nombre.

La sombra

Pese a todo, el inconsciente colectivo y el personal aprovechan los rituales carnavaleros de este "revival" propiciado en muchos casos, y un grado considerable, por razones "fenicicias", es decir mercantiles o comerciales, y también políticas. Los rituales los aprovecha el inconsciente, por ejemplo, para poner en marcha diversos contenidos energéticos afectivos de las primeras capas de la inconsciencia, denominados "complejos".

El Carnaval es la época propicia para desdoblar la personalidad, es el momento más oportuno para el enmascaramiento y el disfraz. La máscara que esconde el rostro es un reflejo del mundo interior del sujeto; en ella se reflejan las proyecciones e identificaciones inconscientes del sujeto.

El Carnaval, como ninguna otra fiesta colectiva, es el gran escenario abierto para las representaciones de nuestro inconsciente personal, en el que se han agrupado en núcleos energéticos nuestras frustraciones, deseos ocultos y personalidades enmascaradas, conformando los citados "complejos".

Durante la vida cotidiana permanecen reprimidos y durante el Carnaval pueden aflorar sin problema alguno. En estos complejos hay componentes instintivos rechazavles, pero también, como afirmaba Jung, elementos psíquicos que pueden transformar al individuo de forma positiva. En esta personalidad escondida no solo hay tendencia moralmente desechables, "sino también una serie de cualidades buenas que hemos marginado y que sin embargo son instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc" .

El Yo lo ha reprimido para que prevalecieran otras aptitudes que consideraba más adecuadas y racionales. Por ejemplo, una persona seria rechaza el humor, y sin embargo éste es sano, como lo es ser serio, siempre en la justa medida.

Esta personalidad desconocida conforma la "Sombra" y puede darse a conocer durante el Carnaval. Su comprensión e integración consciente en el Yo, según Jung, supone un mayor desarrollo, mayor autoconocimiento y una ampliación de la conciencia. Un ejemplo de ello ha sido descrito literariamente por Herman Hesse en "El lobo estepario". En esta obra el protagonista, Harry Haller, descubre su "sombra" y la integra a su personalidad consciente en el carnavalesco "Teatro para Locos".

Revulsivo social

Cabe citar, por último, el aspecto más llamativo del Carnaval. En el ciclo carnavalesco se ha venido unificando la religiosidad popular con lo festivo, pero también con la farsa y lo dionisíaco. El Carnaval es la fiesta de la burla, la broma, la algaraza, la chanza, la risa, la parodia y el humor . Durante el Carnaval se relativiza jocósamente cualquier orden o jeraquía y en él impera la risa, que como ha desvelado M. Bachtin, es un factor social revolucionario : "El poder, la violencia, la autoridad, nunca hablan la lengua de la risa. La risa es una victoria sobre le miedo moral, el miedo ante lo tabú o prohibido sacralizado. Gracias a ella todo lo amenazador queda transformado en cómico, y lo terrible se convierte en alegre espantajo".

El Carnaval sigue siendo hoy una "válvula de escape" para las diversas tensiones sociales. El poder lo sabe y consiente su que se de una libertad inusual desde el Jueves Lardero al Miércoles de Ceniza, pero está vigilante y llega incluso a reglamentar y programar los diversos actos carnavalescos a través de comisiones de festejos o de cultura. Incluso subvenciona en parte el Carnaval, circunstancia irónica para cualquier análisis etnográfico que vé en el Carnaval genuino algo surgido del pueblo y para el pueblo, en oposición a todo tipo de poder establecido.

De esta forma se consigue el equilibrio social, como se pone de manifiesto el Miércoles de Ceniza. Todo vuelve a su orden y cada estamento social recobra su lugar, como lo indicaba el programa carnavalero de Soria de 1989: "Todo pasa. Al final, da el pobre con su pobreza, torna el rico a su riqueza, el cura vuelve a sus misas, el currante a su currelo y el parado a su rutina".

Quizás el Poder logra este retorno a la normalidad debido a la carga arquetípica del Carnaval, en el que el Caos es vencido por el Cosmos, como sucede en las cosmogonías, y que tiene en el festejo del Carnaval su expresión más gráfica con la victoria de Doña Cuaresma y la muerte de Don Carnal, en sus diversas manifestaciones y nombres (entierro de la sardina, quema del pelele, etc).

De esta forma se actualiza el antiguo ritual de la muerte del "Rey del Unico Día" o "Saturnalicius rex". El simbolismo arquetípico es claro: con el Carnaval muerto, sacrificado cual "chivo expiatorio", renace el pueblo y desaparece la crudeza del invierno con sus limitaciones. El Carnaval muere llevándose consigo todos los pecados y males del pueblo.

Libros consultados

CARO BAROJA, Julio: El Carnaval, Ed. Taurus, Madrid, 1965,

CARDINI, Franco: Días Sagrados, Argos Vergara, Barcelona, 1984.

 ELIADE, Mircea: El lmito del Eterno Retorno, Emecé Ed., Buenos Aires, 1968.

JUNG, C.G.: Recuerdos, sueños, pensamientos, Seix Barral, Barcelona, 3ª ed., 1981


MALDONADO, Luis: Religiosidad popular, Ed. Cristiandad.



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