jueves, 2 de diciembre de 2010

Las horas del verano -Cinesofía 1

Ayer noche vi la película Las horas del verano (L'Heure d'été, 2008), dirigida por Olivier Assayas.  Ha sido preciso que la consciencia se sumergiera en "lo inconsciente" durmiendo para que, tras levantarme temprano y leer el final del Complejo, arquetipo y símbolo de Jolande Jacobi (libro que leí por primera vez en marzo de 1984), desde "lo inconsciente" surgieran varios paralelismos arquetípico-simbólicos.

Inmerso como estoy en terminar mi libro "iniciático" sobre el final del Camino de Santiago en tierras gallegas y el morir-renacer frente al ocaso solar solsticial, engullido por la mar Océano, lo que Jacobi escribe al término de la obra citada (muy buena, por cierto) viene "al pelo", pues, entre otros mitemas, explica junguianamente "el viaje nocturno por mar", que es un arquetipo de muerte-renacimiento-resurrección.

Generalmente olvidamos que los personajes y tramas de una obra literaria y/o cinematográfica son productos de una colaborción entre el ego o yo consciente del autor y de "la imaginación inconsciente", que actúa como creadora demiúrgica. Inmersos en su contenido y formas literales que, a su vez, provocan reacciones anímicas en el espectador, tardamos en "separarnos" de "lo literal" hasta que indagamos en su mensaje simbólico, para lo cual es necesario adentrarnos en la "imaginación activa", como he llevado a cabo en Perdidos en el Mundo Imaginal.

Los personajes y tramas literario-cinematográficos que surgen del consciente/inconsciente de un autor son también "dramatizaciones-escenificaciones" de "complejos psíquicos" (entendidos junguianamente) y de arquetipos psicoideos matriciales provenientes de lo "suprainconsciente conectivo-colectivo".

Cada cual interpreta  lo que lee o visiona ante la pantalla televisiva o de una sala del cine, en función de lo que para unos es "karma", para otros "ecuación personal", para un tercer grupo "contexto autocognoscitivo" y para un colectivo aforístico "color del cristal de las gafas a través de las cuales miras".

En Las horas del verano la madre fallece y los hijos (dos varones y una mujer) deciden consensuadamente vender la casa materna y todo su patrimonio artístico ( una colección de valiosos cuadros, muebles y otros objetos de finales del siglo XIX y primera mitad del XX). El hijo mayor accede a esta petición de sus otros dos hermanos, si bien su deseo profundo es que todo permaneciera intocable preservándolo para que los nietos de la madre fallecida decidieran en su día qué hacer con ello. Toda la colección es retirada para ser vendida (algunos objetos van cedidos al Museo de Orsay) y la casa se queda vacía. Dos días antes de ponerla a venta el hijo mayor permite a sus dos hijos que celebren una fiesta juvenil con todos sus amigos de instituto. La abuela fallecida había mantenido la vivienda rural tal y como estaba casi medio siglo atrás, y ahora toda esa tropa de jóvenes entran en ella sin orden ni concierto, sin respeto alguno, para ser usada libre y hasta orgiásticamente. Mas la nieta se aleja de la casa con su novio, saltan el muro de la finca y se alejan del lugar, acción con el que concluye la película.

Esta es la trama que esta mañana, tras leer a Jacobi, ha adquirido un trasfondo arquetípico ante mi conciencia.

- ¿Qué es la casa...? Es un símbolo de nuestra psique con todos sus recovecos (conocimientos más o menos conscientes y elementos inconscientes ya sean personales ya sean supraprersonales-conectivos). Así, por ejemplo, para los tres hijos, en esta película, la casa materna está claro que aviva recuerdos de la infancia y juventud con sus correspondiente afectos-sentimientos-complejos, que son mucho mayores e intensos en el primogénito.

-¿Qué simboliza la madre-abuela de esta película?  El arquetipo polivalente de "lo maternal-matricial" con toda su carga afectiva y psicoidea. La "Panmater" es el origen de "todo lo psíquico", no lo olvidemos. Y en lo personal es un conglomerado de afectos y recuerdos de la relación hij@-madre que nos hacen "humanos", sí.., pero que nos "atan" y son, al final, un impedimento en lo que Jung denominó "Proceso de Individuación" en la que debe lograrse una "inmutabilidad afectiva kármica". Hay que desapegarse psíquicamente de tales "ataduras", algo que he intentado igualmente expresar en  Y la vida sigue. Confieso haber sufrido...

- ¿Qué es ese reparto de la herencia materna (casa con todos sus objetos que van a ir a parar a museos y coleccionistas de arte)?  Es una forma cinematográfica de expresar el "desguazamiento psíquico" que antaño simbolizaban mitemas como el de Osiris o Dionisos trozeados y luego engullidos... Es una "muerte psíquica" lo que se refleja en todo ello. El sacrificio del "ego" ante "lo inconsciente"... Hay que "nacer de nuevo" y para ello hay que abandonar muchos apegos, muchas creencias, muchas ideas...

- ¿Qué es todo ese jolgorio juvenil desordenado y libérrimo en la casa ya vacía de objetos valiosos artísticos?  Es una versión cinematográfica del mitema del Caos, de ese "desorden" del que surgirá una nueva creación, un nuevo mundo... un nuevo "orden" en la conciencia-consciencia. La faceta báquica del Dionisismo.
 
- ¿Qué es ese saltar el muro de la finca por parte de la nieta y su compañero, echando a andar sin mirar atrás..?  El renacimiento psíquico y la promisión de una nueva vida y mejor, en armónica conjunción de opuestos. De un punto caótico surge un nuevo Cosmos, una "consciencia" y cosmovisión renovadas e incluso nuevas..

 Esta es mi breve hermeneusis cinesófica de este film. Nada nuevo bajo el sol...

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