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jueves, 17 de mayo de 2012

Ascensión y Estados Superiores de Consciencia




 «Agni subió altísimo, hasta tocar el cielo: abrió la puerta del mundo del cielo, ciertamente Agni es el señor del mundo del cielo", se lee en Aitareya Brahmana III.42, fechado hacia el 900 a.C como complemento del Rig Veda por Mahidasa Aitareya y sus discípulos. Para Ananda K. Coomaraswamy “corresponde al «mito» de la Ascensión de Cristo y a su sedencia en condominio a la diestra del Padre”. 

Así que el mitema de la Ascensión es, ciertamente, muy antiguo. Lo encontramos en todas las épocas y lugares, desde el chamanismo siberiano hasta La Divina Comedia de Dante, la cual parece que tomó como punto de referencia las tradiciones islámicas sobre el Viaje Nocturno y Ascensión de Muhammad (Mahoma), así como los escritos del maestro sufí andalusí Ibn al Arabi sobre la escatología musulmana y la citada tradición ascensional de Muhammad desde el monte Moriah de Jerusalén hasta muy cerca de la faz de Dios, sobre el cual he escrito en varios libros (Guía espiritual y artística de San Baudelio,  y en Perdidosen el Mundo Imaginal muy especialmente).


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mundo Imaginal en Ibn al Arabi -1

 Extracto de mi libro "Y la vida sigue... Confieso que he vivido", capítulo: Décimoctava estación.  Mundus Imaginalis.



 El Burgo de Osma. Día de los Muertos o de los Fieles Difuntos. 2 de noviembre de 2008.

(...) Lo inefable, lo indescriptible e inenarrable en vocablos humanos de la experiencia numinosa de Lo Divino en Nosotros ha sido descrita de muchas formas diversas entre los místicos (en términos guenonianos hay distinción importante entre misticismo e iniciación, pero permítaseme emplear esta palabra para englobar a ambas modalidades como recurso didáctico más fácilmente entendible). También se ha expresado este vivenciar numinoso del Espíritu mediante las más diversas modalidades artísticas. Tales escritos y obras artísticas  - como puede acontecer ante la fascinación que puede embargarnos profundamente al contemplar alguna belleza natural o practicando alguna técnica iniciática rítmica fundamentada principalmente en unas palabras específicas complementadas por movimientos rítmicos corporales vinculados igualmente a la respiración, constelan los arquetipos psicoides y provocan sincronicidades mil que diría Jung. También la quietud sensorial y la meditación profunda nos lleva, a los humanos, a estados superiores de consciencia. Y al parecer incluso la ingesta de algunos alucinógenos, como el LSD-25. De todas estas técnicas hace mención la obra de Stanislav Grof, al que no había leído hasta hace poco (páginas 146-147).

(...)

Una de las tesis de Ibn al Arabi más desconcertantes y fascinantes es la del mundo intermedio, el situado entre el mundo angelical y el mundo corporal, que tiene diferentes moradas, estancias o estratos, Alam al Mithal, Mundo de los Modelos, traducido como Mundo Imaginal por Henry Corbin, y donde “entes no materiales” adoptan formas visibles que, en muchos casos, no se diferencian de los objetos y seres que vemos con nuestros ojos corporales en la Tierra. Y a veces los tres mundos,  o dos de ellos, se entrecruzan en el vivenciar consciente de algunas personas al activarse, por la emergencia espiritual que sea, la percepción Imaginal inherente al corazón psíquico-psicoideo humano. Y es en este campo Imaginal –que no imaginario en el sentido ilusorio común del término- donde hay que situar las revelaciones, audiciones y visiones numinosas. Este Mundo Imaginal, en la hermenéutica junguiana, sería una parte del Inconsciente Colectivo. Sobre él han escrito diversos místicos islámicos, tanto sunnitas como shi´itas, como bien puede comprobarse en la obra Cuerpo espiritual y Tierra celeste de Henry Corbin. Pero, en ocasiones, el Mundo Imaginal irrumpe en  la cotidianidad de la actividad humana del planeta Tierra (y de nuevo vuelvo a escuchar el quiquiriquí del gallo al acabar de escribir este párrafo).

Transcribo ahora unos párrafos de Ibn al Arabi, de su monumental obra Las iluminaciones de La Meca, tal y como las traduce William C. Chittick en extraordinario su libro: Mundos Imaginales. Ibn al Arabi y la diversidad de las creencias, publicado en Mandala Ediciones:


“La revelación comienza con el envío de significados desvinculados, inteligibles, contenidos en estructuras limitadas, sensoriales, en la Presencia de la Imaginación, y sea en sueños o en estado de vigilia (…) La revelación comienza con visiones en sueños antes que con la percepción sensorial, dado que los significados inteligibles están más próximos a la imaginación que a la percepción sensorial. Esta última es el sustrato inferior, mientras que el significado es el lado superior y más sutil. La imaginación se encuentra entre ambos.

La revelación es un significado. Cuando Allah quiere que el significado descienda a la percepción sensorial, ésta ha de pasar por la Presencia de la Imaginación antes de alcanzar la percepción sensorial. La realidad de la imaginación exige que dé una forma sensorial a todo lo que se actualiza dentro de ella. No hay escapatoria a este hecho. Si la revelación divina llega en sueños, se llama “visión en sueños”, pero si llega en la vigilia, se llama “imaginalización” [tajayyul]… Es por ello que la revelación comienza con la imaginación. Después ésta es transferida al ángel en el mundo exterior. El ángel se imaginaliza en forma de hombre, o de una persona que se percibe por medio de la percepción sensorial. Puede suceder que solamente aquel que recibe la revelación perciba al ángel, o que también los que lo acompañan lo perciban. Entonces el ángel pronuncia las palabras de su Señor al oído del profeta, y ésta es la revelación”.

Ibn al Arabi describe muchos encuentros que tuvo con “espíritus corporizados”, los cuales adoptaron ante él multitud de formas manifiestas tanto ante los ojos de su percepción sensorial como ante el “ojo de la imaginación”. Ambas visiones convergen cuando el ser humano es consciente de que tiene ante sí a un ente sutil corporizado, no-humano, no-terrestre. Pero Ibn al Arabi advierte también que no debemos confundir meras fantasías con apariciones-revelaciones del Mundo Imaginal, y también nos pone sobre aviso acerca de entidades sutiles juguetonas, los genios [jinns], que extravían a los buscadores y los confunden. Y añade que la forma sensorial captada por nuestros ojos se mantiene siempre y cuando no desviemos la mirada ni un instante, pues ésa es la forma de retenerlos corporizados...  (páginas 149-150 de mi libro  Y la vida sigue...).

viernes, 26 de noviembre de 2010

Mundo Imaginal en Corbin -4-

MUNDO IMAGINARIO Y MUNDO IMAGINAL (d)
Henry Corbin 
Publicado en la revista Axis Mundi, nº 4. Trad. de Agustín López

 II. La Imaginación espiritual (1)
 
Llegamos aquí a un punto decisivo para el que nos ha preparado el apartado anterior: el órgano mediante el cual se lleva a cabo la penetración en el mundus imaginalis, la migración hasta el "octavo clima". ¿Cuál es ese órgano por el que se realiza la citada travesía, que es un retorno ab extra ad intra (del exterior hacia el interior), es decir, una inversión (la intus-suscepción) topográfica? Ese órgano no es ninguno de los sentidos o facultades del organismo físico, ni tampoco el intelecto puro, sino esa potencia intermedia cuya función nos muestra su carácter esencialmente medidador: la Imaginación activa. Así pues, entendámonos bien cuando hablamos de ésta. Se trata de un órgano que permite la transmutación de los estados espirituales interiores en estados exteriores, en visiones-acontecimientos que simbolizan con dichos estados interiores. Todo progreso en el espacio espiritual se realiza merced a esa transmutación o, más bien, es esa misma transmutación lo que espacializa el espacio, lo que hace que haya espacio, proximidades, distancias y lejanías. 

Un primer postulado es que esta imaginación es una facultad espiritual pura, independiente del organismo físico, y en consecuencia capaz de subsistir tras la desaparición de éste. Sadrâ ShirâzÎ, entre otros, se ha expresado sobre este punto, en varias ocasiones, con un vigor particular (2). Lo mismo -nos dice este autor- que en cuanto a su potencia intelectiva, que recibe los inteligibles en acto, el alma es independiente del cuerpo físico material, así también en cuanto a su potencia y sus operaciones imaginativas, el alma es igualmente independiente. De este modo, cuando se separa de este mundo, puesto que continúa teniendo a su servicio a la Imaginación activa, puede percibir por sí misma, por su propia esencia y por esa facultad, cosas concretas cuya existencia, tal como es actualizada en su conocimiento y en su imaginación, constituye eo ipso la forma misma de existencia concreta de esas cosas (dicho de otro modo: la conciencia y su objeto son aquí ontológicamente inseparables). Entonces todas sus potencias están reunidas y concentradas en una facultad única que es la Imaginación activa. Y al haber dejado de dispersarse en los diferentes umbrales que son los cinco sentidos del cuerpo físico, y no estar ya solicitada por ese cuerpo físico pendiente de las vicisitudes del mundo exterior, la percepción imaginativa puede por fin mostrar su superioridad esencial sobre la percepción sensible. 

"Todas las facultades del alma -escribe Sadrâ Shîrâzî- se convierten entonces en una facultad única, que es la capacidad de configurar y tipificar (taswîr y tamthîl); la imaginación ha pasado a ser algo así como una percepción sensible de lo suprasensible: la propia visión imaginativa es como la visión sensible. Lo mismo ocurre con el oído, el olfato, el gusto, el tacto: todos estos sentidos imaginativos son entonces semejantes a las facultades sensibles, pero ordenados a lo suprasensible. Pues si exteriormente las facultades sensibles son cinco, teniendo cada una su órgano localizado en el cuerpo, de hecho, interiormente, todas constituyen una única synaisthêsis (hiss moshtarik)". Siendo así la Imaginación como el currus subtilis (en griego okhêma, carro o cuerpo sutil) del alma, es toda una psicología del "cuerpo sutil", y por tanto del "cuerpo de resurrección", lo que Sadrâ ShirâzÎ expone en estos contextos. Y por eso reprochará incluso a Avicena haber identificado estos actos de percepción imaginativa del ultramundo con lo que sucede en esta vida durante el sueño, pues aquí, durante el sueño, la potencia imaginativa es turbada por las operaciones orgánicas que se realizan en el cuerpo físico. Dista mucho pues de gozar de su máximo de perfección y actividad, de libertad y pureza. De lo contrario, el sueño sería simplemente un despertar al ultramundo. Ahora bien, no es así como se nos muestra en la sentencia atribuida ora al Profeta, ora al I Imam de los shiítas: "Los humanos duermen; cuando mueren, despiertan".

NOTA:


1. Axis Mundi: cosmología y pensamiento tradicional, ISSN 1137-6767, Nº 5, 1995 , pags. 29-47

2. Cf. nuestro artículo "La place de Mollâ Sadrâ Shîrâzî (fallecido en 1050/1640) dans la philosophie iranienne", en Studia Islamica, París, 1963, así como la obra citada supra, nota 5 de la primera parte.