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miércoles, 6 de febrero de 2013
La Realidad, la Imaginación Creadora, el Mundo Imaginal y el símbolo teofánico, según Pablo Beneito
He aquí una extraordinaria charla de Pablo Beneito Arias -gran conocedor del sufismo de Ibn al Arabi- sobre el Ser y sus "grados de realidades" y manifestaciones, acerca de la Imaginación Creadora y el Mundo Imaginal, sobre la función mediadora del símbolo y del arte. El vídeo -de una hora de duración- forma parte de Los Archivos del Observatorio como colaboración de este islamólogo especializado en el sufismo para OVNI des_Realidad. Dada su importancia, hemos transcrito buena parte de sus sabios comentarios sobre los citados temas.
domingo, 23 de octubre de 2011
El simbolismo en René Guénon
EL SIMBOLISMO EN GUÉNON
Ángel Almazán
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| René Guénon, gran expositor del Esoterismo |
Guénon destaca la llamada "ley de correspondencia" como fundamento mismo de todo simbolismo, "en virtud de la cual toda cosa, que proceda esencialmente de un principio metafísico del que obtiene toda su realidad, traduce y expresa este principio a su manera y según su orden de existencia, de tal forma que, de un orden al siguiente, todas las cosas se encadenan y corresponden para concurrir a la armonía universal y total, que es, dentro de la multiplicidad de las manifestaciones, como un reflejo de la misma unidad principial. Es por esto que las leyes de un ámbito inferior siempre se pueden tomar para simbolizar realidades de orden superior, donde se encuentra su razón profunda, que es a la vez su principio y su fin" ("El simbolismo de la cruz, p. 11).
domingo, 10 de abril de 2011
Consideraciones sobre la obra de Jung -1
En la lista de correos Epignosis escribí el 18 de abril de 1999 lo que sigue en respuesta a un interlocutor que firmaba con el nombre de Roberto. Transcribo lo escrito por mí entonces, lo cual no quiere decir que hoy día coincida plenamente con ello.., pero creo que aquel testimonio junguiano del Ángel Almazán de entonces puede esclarecer algunos prejuicios mentales para algunos internautas interesados en estas cuestiones...
- Confieso que la obra junguiana ofrece todo tipo de interpretaciones, de ahí que a Jung le calificaran de agnóstico y gnóstico, de psicologista y místico, de ateo y de deísta… Y es que en función de nuestra "ecuación personal" -que decía Marie Louise von Franz en mi mensaje anterior- entendemos, asimilamos, prejuzgamos y juzgamos. Me viene a la memoria -y viene al caso- que en primer curso de periodismo había una asignatura que se llamaba "Comunicología" (¡horrorosa, por otra parte) y allí nos hablaron de los experimentos realizados en los EEUU para comprobar la eficacia de la propaganda, la publicidad, etc... Y una de las conclusiones a las que llegaron es que cada persona acepta, interpreta, correlaciona y asimila lo que está afín con su "ecuación personal"... Quiero decir con esto que si ahora estamos apuntados a Epignosis medio centenar de personas -es un decir- cada uno tenemos nuestra propia "visión" de la Tradición y de lo que Guénon escribió. Habrá coincidencias en algunos aspectos, pero en otros no. Y, desde luego, nuestra percepción será distinta a la del mismo Guénon, su autor. Y quiero decir con esto de la "ecuación personal" que un racionalista "interpretará" la obra de Jung desde su enfoque racionalista; un místico hará lo propio, un guenoniano lo hará desde un enfoque guenoniano, .... tú, Roberto, lo haces desde tu propia "ecuación personal", y yo desde la mía propia.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Sobre los círculos de las cosechas
Atendiendo a una petición de José Antonio Delgado voy a escribir unos párrafos sobre el ámbito arquetípico de la fenomenología de los controvertidos símbolos plasmados a lo largo de varios continentes en campos de cereales antes de sus cosechas; incluso a España han llegado estos mandalas de cereal aplastado.
En Internet abundan miles de noticias y opiniones al respecto, así como centenares de imágenes sobre los círculos de las cosechas. De lo que he mirado me gustaría destacar el monográfico de Sagrario Arana, las disquisiciones al respecto de Raúl Ortega, un artículo en iberaldea, otro en el blog preparemonosparaelcambio..,hasta para los junguianos hay hasta una web monotemática, en inglés.
También es fácil encontrar en Youtube vídeos y en muchos otros portales. He visto dos reportajes bien distintos, uno de National Geographic en el que prepondera la conceptualización racionalista propia del “lado izquierdo” psíquico del cerebro, y otro, dirigido por Jiménez del Oso, que aporta una visión más propia del “lado derecho” del psiquismo cerebral (si se me permite utilizar estos términos psico-neurológicos), destacando las dos entrevistas que realiza en la segunda mitad del documental al periodista Juan Antonio Cuesta, y a la psicóloga Margarita García Vaquero.
Igualmente se ha plasmado en el cine esta fenomenología, como hiciera M. Night Shyamalan con la película Señales, protagonizada por Mel Gibson. Artistas hay que se han sentido especialmente inspirados por la belleza y “numinosidad” de estos “cerealglifos”, como el holandés Janos Art.
Y libros específicos hay sobre este fenómeno, entre los que quiero especialmente destacar Diseños misteriosos de Freddy Silva. Así como también hay investigadores que los han incluido en algún libro más general, como lo ha llevado a cabo Patrick Harpur en Realidad Daimónica, una obra realmente fascinante (como lo es también su obra El secreto de los filósofos).
Estos dos libros de Harpur, en mi opinión, son básicos tener en la librería de casa de todos aquellos que estén “investigando” sobre la Imaginación Creadora y lo arquetípico de las visiones y apariciones paranormales y similares. (En este blog prometo que Harpur será uno de los autores recurrentes por mí en varios posts, e incluso señalaré las diferencias de su obra con relación a Perdidos en el Mundo Imaginal).
He releído lo que escribe el post-junguiano Harpur sobre los círculos de cosechas, fenómeno que considera “daimónico” en buena parte, esto es, epifanías de arquetipos del Inconsciente Colectivo que muestran un aspecto material y otro que no lo es. Reconoce la falsedad de muchos círculos de cosechas, pero advierte igualmente que hay otros tantos que parece difícil creer que han sido realizados por seres humanos.
“Si queremos comprender los círculos de las cosechas –y esto es aplicable a todas las apariciones-, debemos acercarnos a ellos de una manera neoplatónica, ‘simpatética’ …”, nos dice. Es así como el observador atento podrá darse cuenta de que en toda esta fenomenología hay, entre otros arquetipos, el de la conjunción de los opuestos, como refleja en un diagrama explicativo. Para Harpur, “la suma total de las imágenes que rodean a los círculos de las cosechas-explicaciones, significados, asociaciones, fenómenos aliados, folclore, etc.- contribuye al cuerpo ‘mitológico’ de los círculos de las cosechas, lo que, como proponía en el diagrama tiene que ver con reconciliar imaginativamente contradicciones tales como natural/sobrenatural, espiritual/físico, visible/invisible y demás”.
Como fenómeno daimónico, lo realmente importante es que “la verdad no radica en una u otra imagen, sino en el proceso de imaginar”, desvela Harpur. Y en este imaginar es donde entra en juego la tendencia natural de “lo inconsciente” en proyectar “conceptos-imágenes”. Para unos son gamberradas, para otros sus creadores son extraterrestres en ovnis, mientras hay quienes opinan que están provocados –los que no son de factura humana- por energías de la Madre Tierra-Gaia, etc, etc, etc…Hasta las explicaciones pretendidamente “científicas” están plagadas de “proyecciones psíquicas”.
Harpur, amante de lo “daimónico”, reitera una y otra vez que “nada físico es tan sólo literal pues la Imaginación lo transfigura todo”. Afirma que “la realidad es paradójica, metafórica, poética, simbólica, mítica; es una realidad daimónica, no literal”. Y señala que "para nuestra vergüenza, los dáimones, con el fin de llamar la atención sobre su realidad, se han visto empujados a volverse fijos y físicos, como los círculos de las cosechas. Disfrazándose -parodiándolos- de hechos literales, responden a nuestra moderna petición de efectos cuantificables, al lado de los cuales todo lo demás es juzgado como ilusorio. En otras palabras, su forma de presentar su propia realidad metafórica y mítica es aparecer no como literales, sino como si fueran literales”. Al mismo tiempo considera que es el “dios” Hermes-Mercurio quien está detrás de esta fenomenología daimónica: “Regresa para atormentar al cientificismo con fenémonos paranormales y anomalías enloquecedoras: todos los dáimones son embaucadores, igual que los seres feéricos; todos están al servicio de Hermes-Mercurio”.
Hasta aquí lo dicho por Harpur.
Por mi parte insistiré también en la máxima junguiana de que todo aquello de lo que no somos conscientes se proyecta –sin que nos demos cuenta-, en realidades psíquicas y físicas, de ahí que se produzcan fenómenos psicosomáticos sincronísticos, esto es, ajenos a la causalidad mecanicista del “universo newtoniano”. Y como he subrayado en Perdidos en el Mundo Imaginal, desde el Inconsciente Colectivo-Alma del Mundo-Imaginario Matricial, surgen imágenes arquetípicas (daimónicas en la jerga de Harpur) que son símbolos vivos para una colectividad durante un tiempo determinado; imágenes que se corporizan adecuándose al “espíritu de la época”-conciencia colectiva, a fin de equilibrar la “balanza psíquica” entre el ego consciente y el sustrato “inconsciente” en el que la consciencia psíquica flota cual isla en un gran océano. Y ciertamente atraviesa la mentalidad occidental un período desacralizador, profano y racionalista-materialista que precisa epifanías arquetípicas como las que subyacen en el simbolismo mandálico y geométrico (euclediano y fractal) de los llamados círculos de cosechas. Y que muchos “marcadores de círculos” sean autores de tales figuras no convierte a estas creaciones humanas en fraudes “per se”, ya que hasta podríamos asegurar que tales personas no dejan de ser sino “marionetas psíquicas” de tales arquetipos, esto es, instrumentos de la Matrix, del Alma del Mundo, para “engordar” la fenomenología de tales círculos de cosechas, al igual que muchos personajes de ficción “le son impuestos” a los escritores, guionistas de cine, etc.. por algún arquetipo del Inconsciente Colectivo.
Claro que para quienes están ya “más allá de las imágenes”, por haber alcanzado algún tipo de “iluminación”, todo esto que he escrito sigue siendo “cháchara mental”, o sea, “conceptos, conceptos y más conceptos en la malla reticular matricial de Maya”.
Y os dejo con esta imagen del Patio de los Leones de la Alhambra. Si os fijáis veréis que el conjunto formal geométrico de los canales de agua y su convergencia en la fuente circular, conforma todo un mandala, y a mí, ciertamente, me recuerda esta estructura mandálica alhambrina a algunas figuras adoptadas por varios círculos de las cosechas, como acontece, por otra parte con diversos petroglifos prehistóricos.
Mandalas, mandalas y mandalas... He aquí el arquetipo más común de la arquitectura sufi de la Alhambra y de los círculos de las cosechas, que convergen finalmente en el centro de los centros, el Atman, el Sí Mismo... de donde provenimos, en el que "estamos" sin saberlo conscientemente y a donde "vamos" (según los sabios).
Mandalas, mandalas y mandalas... He aquí el arquetipo más común de la arquitectura sufi de la Alhambra y de los círculos de las cosechas, que convergen finalmente en el centro de los centros, el Atman, el Sí Mismo... de donde provenimos, en el que "estamos" sin saberlo conscientemente y a donde "vamos" (según los sabios).
sábado, 27 de noviembre de 2010
Corporización del arquetipo junguiano
Texto tomado del libro de Jolande Jacobi "Complejo, arquetipo y símbolo", editado por Fondo de Cultura Económica, México, 1983. Libro muy interesante para los junguianos. Lo recomendamos.
En el fundamento arcaico de lo psíquico, como "puntos nodales" y "núcleos de significación" cargados de energía del entramado psíquico infinita e intemporalmente ramificado, están los arquetipos que constituyen lo inconsciente colectivo, el fundamento universal (humano-general), de toda psique individual. Aquí hemos de distinguir entre el arquetipo en sí, que no es perceptible, y que existe tan sólo como condición estructural y posibilidad potencial, perteneciendo a la esfera psicoide de la psique, y el arquetipo que es ya perceptible, que ha sido "presentado" a la consciencia y que ha de ser considerado casi siempre como símbolo. Está igualmente presente en sanos y enfermos, siendo fundamentalmente de la misma naturaleza en ambos. Al igual que sobre unos mismos cimientos se pueden elevar edificios de diversos estilos y tamaños, una misma forma arquetípica fundamental puede constituir el fundamento de las más variadas formaciones. Su "valor posicional" dentro de todo el sistema de referencia psíquico está determinado con arreglo al contenido que llena el arquetipo y la carga que reciba. Con ello se ponen también de manifiesto el sentido, la importancia y el papel que le corresponden en cada caso.
El intento de dividir por etapas el curso de su acción podría establecer las siguientes fases:
1. El arquetipo reposa, en cuanto a su condición estructural, en la esfera psicoide (en el inconsciente colectivo), como "elemento nuclear" invisible y "portador potencial de significación".
2. Mediante una constelación adecuada -que puede hallarse determinada tanto individual como colectivamente- recibe un suplemento de energía, aumentando su carga e iniciándose su efectividad energética. La constelación individual resulta de la correspondiente situación de la consciencia del sujeto individual; la colectiva, de la correspondiente a grupos humanos.
3. La carga del arquetipo se manifiesta por una especie de fuerza magnética de atracción sobre la consciencia que no es al principio reconocida. Se hace notar primeramente por una actividad emocional determinada, que puede incrementarse hasta una tempestuosa agitación psíquica.
4. Atraída por la mencionada carga, incide sobre el arquetipo la luz de la consciencia; el arquetipo aparece entonces en el ámbito psíquico propiamente dicho, siendo "percibido".
5. Al entrar el arquetipo "en sí" en contacto con la consciencia, se manifiesta en el plano biológico "inferior" y asume la forma de "expresión pulsional" o bien de dinámica pulsional; o en el plano "superior" espiritual como imagen o idea. En este último caso se asocian a él materia prima imaginaria y configuración de sentido, surgiendo así el símbolo. El revestimiento simbólico con el que resulta visible varía y se transforma con arreglo a las circunstancias exteriores e interiores del sujeto y de la época. A partir del contacto con la consciencia de una colectividad y su problemática, surgen los símbolos colectivos (como, por ejemplo, un mitologema); y del contacto con una consciencia individual y sus problemas, los símbolos individuales (por ejemplo, la imagen de una bruja con los rasgos de la madre personal).
6. El símbolo aparece frente a la consciencia dotado de una cierta autonomía.
7. La "gravidez de significación" de un símbolo obliga en grado mayor o menor a la consciencia a una confrontación con él. Esto puede acontecer de los más diversos modos: por contemplación, descripción, interpretación, etc.; de modo general y espontánea o bien dentro de una labor analítica.
8) Tres cuestiones:
- A) El símbolo puede hacerse más consciente mediante comprensión, siendo sentido y reconocido como relativamente perteneciente al yo; mas no es completamente dilucidado y continúa, por tanto "vivo" y efectivo.
- B) Puede ser completamente interpretado y explicado, con lo que aparece integrado plenamente por el ego y asimilado por la consciencia, más perdiendo así su "vida" y eficacia, transformándose en una mera alegoría, en un "signo" o en un contenido de conciencia unívocamente concebido.
- C) Completamente incomprendido, puede enfrentarse a la consciencia del ego de modo hostil, como expresión de un complejo situado tras la misma (como algo extraño y que se le enfrenta), escindirse de ella y provocar una disociación en la psique. Se convierte así en una psique parcial autónoma que se manifiesta en forma de "espíritus", alucinaciones, etc.; es decir: mediante síntomas neuróticos y psicóticos de toda índole.
Ya que se entiende habitualmente como complejo algo no plasmado en forma de imagen, y con el concepto de símbolo algo que adopta generalmente aspecto de imagen, está también indicada en este sentido una clara diferenciación en cuanto a la elección del término correspondiente. De todos modos, las transiciones no siempre se pueden reconocer netamente. Por ello se habla con frecuencia de complejos de carácter simbólico y de símbolos de carácter de complejo, según el correspondiente matiz de su índole.
En principio, según Jung, en muchas ocasiones coinciden complejo y símbolo, ya que ambos tienen su raíz en un núcleo significativo arquetípico y proceden de lo inconsciente colectivo. Por ello, y como ha hecho Jung, arquetipo, complejo y símbolo, en cuanto a conceptos, pueden utilizarse indistintamente en cuanto a su significado esencial. Mas si se desea establecer entre ellos una diferencias más fina y líneas divisorias más netas, hay que distinguir entre complejos de lo inconsciente colectivo (que en realidad han de ser incluidos entre los arquetipos y también, en determinados casos, entre los símbolos), y complejos pertenecientes a lo inconsciente personal, en los que tras el modo de aparición individual se oculta una serie mayor o menor de símbolos de lo inconsciente colectivo, y que se pueden extraer de su "envoltura individual". De todos modos, la mayoría de los complejos de lo inconsciente personal se han de considerar como signos, o bien como síntomas.
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