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viernes, 21 de marzo de 2014

El Meditador y la Piedra en Jung y Neville Goddard



 
En mi libro Y la vida sigue-Confieso haber sufrido, incluía en su Epílogo la siguiente hierofanía onírica de Carl Gustav Jung (1875- 1961) tras el infarto que sufrió en 1944:  «Soñé una vez sobre el problema de la relación entre la persona y el Sí Mismo. En aquel sueño me encontraba en una excursión. Por un pequeño camino atravesé un paisaje accidentado, el sol brillaba y yo divisaba un amplio panorama. Entonces llegué a una pequeña ermita. La puerta estaba abierta y entré. Ante mi asombro, en el altar no se encontraba ninguna imagen de la madre de Dios ni ningún crucifijo, sino sólo un adorno de hermosas flores. Pero luego vi que, ante el altar, en el suelo, vuelto hacia mí, estaba un yogui sentado meditando profundamente. Al contemplarle de cerca vi que tenía mi rostro. Me desperté asustado pensando: "¡Ah!, éste es el que me medita. Ha tenido un sueño que soy yo". Sabía que cuando él despertara yo ya no existiría más.»

domingo, 13 de noviembre de 2011

Ramana Maharshi y Jung -3- Mi opinión



Podría escribirse un libro para ahondar en las razones por las que C.G. Jung (1875-1961) no quiso desplazarse desde Madras al ashram de Ramana Maharshi (1879-1950) en Tiruvannamalai, al pie del monte sacro Arunachala, a comienzos de 1938 durante su viaje por India. Se han formulado muchas hipótesis al respecto e incluso Jung dio diversas explicaciones a lo largo de su vida.
 
En Calcuta Jung tuvo que pasar diez días hospitalizado tras enfermar de disentería y, convaleciente, recaló luego en el puerto de Madrás, que se encuentra a casi 200 kms de Tiruvannamalai por malos caminos. Jung tenía 62 años. ¿Quizás se sintió débil físicamente para adentrarse por el sur de la India hasta el áshram de Ramana Maharshi?  Tal excusa no la da Jung en ningún momento, que yo sepa, así que no habrá que tenerla como motivo suficiente.

En mi opinión lo que se desprende de la lectura de los textos de Jung referidos a Ramana Maharshi para explicar su negativa a verle es que realmente no estaba a la sazón interesado por las enseñanzas de Ramana Maharshi (cuatro años más joven que Jung, por cierto). Creo que le consideraba “un gurú más del montón” y no, precisamente, de los más interesantes para él. Y sobreentiendo asimismo que los gurús no tenían nada que ofrecerle a él, pues consideraba que no estaban “individuados” sino subsumidos por una identificación con el arquetipo del “Viejo Sabio”, o sea, que sufrían una “inflacción psíquica” (en la terminología jungiana). 

domingo, 30 de octubre de 2011

Jung y Oriente, Viaje a India

Transcrito de sus memorias (Recuerdos, sueños, pensamientos), libro imprescindible para una correcta comprensión de la vida y y obra de C.G. Jung (1875-1961)


El viaje a la India (1938) no surgió por mi propia voluntad sino que he de agradecerlo a una invitación del Gobierno indio-británico a participar en las festividades que tenían lugar con ocasión del jubileo de los 25 años de la Universidad de Calcuta.

Por entonces había leído ya mucho acerca de la filosofía india y la historia de la religión y estaba profundamente convencido del valor de la sabiduría oriental. Pero debía viajar, por así decirlo, como un ser autárquico y permanecí en mí mismo como un homúnculo en el alambique. La India me impresionó como un sueño, pues buscaba y me busco a mí mismo, a mi propia verdad. Así, pues, el viaje constituyó un intermezzo en mi preocupación intensiva de entonces por la filosofía alquímica. Ésta no me dejaba tranquilo, sino que por el contrario me indujo a llevarme conmigo el primer tomo del Theatrum Chemicum de 1602 que contiene los escritos más importantes de Gerardo Dorneo. En el transcurso del viaje estudié el libro desde el principio hasta el final. De este modo se estableció un constante contacto entre el ideario de la Europa antigua y las impresiones de un espíritu cultural extraño.

Ambas cosas procedían en línea directa de las primitivas experiencias anímicas del inconsciente y por ello se establecen consideraciones iguales o semejantes o por lo menos comparables entre sí.

En la India estuve por vez primera bajo la impresión inmediata de una cultura extraña, altamente diferenciada. En mi viaje por África fueron decisivas impresiones distintas por completo a la cultura; y en África del Norte nunca tuve ocasión de hablar con ningún hombre que fuese capaz de definir su cultura. Pero ahora tuve ocasión de hablar con representantes del espíritu indio y de comparar éste con el espíritu europeo. Esto era de suma importancia para mí. 


V. Subramanya Iyer
Conversé bastante con V. Subramanya Iyer, el gurú del maharajá de Mysore, de quien fui huésped por algún tiempo, también conversé con muchos otros cuyos nombres por desgracia he olvidado. Por el contrario, evité el encuentro con los llamados «santones». Los evité porque debía contentarme con mi propia verdad y no me estaba permitido aceptar más que lo que yo mismo podía alcanzar. Me hubiera parecido un robo si hubiera querido aprender de los santones y aceptar para mí su verdad. Su sabiduría pertenece a ellos y a mí sólo me pertenece lo que procede de mí mismo. Tanto más cuanto que en Europa no puedo pedir ningún préstamo a Oriente, sino que debo vivir por mí mismo, de lo que dice mi interior o lo que la naturaleza me aporta.

No subestimo por completo la importante figura del santón indio, pero no está a mi alcance valorarlo correctamente como un fenómeno aislado. Así, por ejemplo, no sé si la sabiduría que él expresa es una manifestación propia o un proverbio que circula por el país desde hace mil años. Recuerdo un suceso típico en Ceilán. Dos campesinos conducían con sus bicicletas sus carros en dirección contraria en una calle estrecha. En lugar de la esperada disputa cada uno de ellos murmuró palabras de discreta cortesía que sonaban como «adûkan anâtman» y significaba: «Molestia pasajera, no hay alma (individual).» ¿Fue algo inusitado? ¿Era típicamente indio?

sábado, 27 de noviembre de 2010

Imaginación Activa Creadora en Jung -1-

Incorporaré, a continuación, en una serie de posts, lo que publique en la primera web de la editorial Sotabur hacia 1999 y que luego incorporé en Soriaymas bajo el título de La técnica de la Imaginación Activa. Este método junguiano de coniunctio entre el ego consciente y las figuras arquetípicas del Mundo Imaginal y de otros ámbitos del Inconsciente Colectivo junguiano e inconsciente personal es clave para entender la obra de Jung, y, muy especialmente, el Libro Rojo que acaba de publicarse en castellano. Asimismo, en mi reciente libro, Perdidos en el Mundo Imaginal, ocupa igualmente un capítulo destacado (concretamente el capítulo III: Conversar con las imágenes arquetípicas, que desgloso en las secciones: "Entre lo racional y lo irracional", "El secreto de Jung ante la imaginación" y "El método junguiano de la imaginación activa".


En sus memorias, "Recuerdos, sueños, pensamientos" (editado por Seix Barral), escritas a sus 82 años, Jung confiesa sus temores y desorientación inicial ante la avalancha de contenidos del inconsciente personal y colectivo que tuvo en 1913 y 1914, fundamentalmente, cuando tenía 38 y 39 años de edad.

Ante aquella irrupción tan avasalladora de lo inconsciente, Jung logró salir airoso y no caer presa de una psicosis, merced a una técnica que intuitivamente se autoaplicó y que luego depuró, mejoró, y denominó como "Imaginación Activa", que seguiría utilizando y recomendando hasta el final de su vida, y que consideraba muy idónea para la realización del "Proceso de Individuación".

En sus memorias esto queda explicado en el capítulo titulado "El análisis del Inconsciente" (pp. 178-207), cuya lectura obviamente recomendamos encarecidamente. Las fantasías activas que tuvo entonces las dejó manuscritas y dibujadas en los llamados "Libro Negro" y "Libro Rojo", que suponemos siguen sin publicar.

El doctor Ramón Sarró -cofundador del "Círculo Junguiano de Barcelona" junto con Juan García Font, y a quienes tuve el placer de conocer en mi época universitaria- en su estudio preliminar de la edición española, en Miracle, de libro de Jung, "El Yo y el Inconsciente"- se refería a este período de Jung de adentramiento en el inconsciente, en estos términos:

- "Estas fantasías eran, a veces, espontáneas, otras, provocadas... Otras veces, para provocarse fantasías imaginaba un descenso a las profundidades variables, en unos casos comparable "a una profundidad de trescientos metros", otros a "una profundidad cósmica"... En otros casos, Jung dibujaba o esculpía. En sus memorias consta cómo recobró el equilibrio, que veía amenazado, en la época visionaria: puliendo y esculpiendo materiales pétreos (...) Sin duda que en otra época hubiera sido un "medium", o un profeta, o un poeta. Las imágenes que veía evocan la imaginación de un Dante o de un Blake (...) Debe tenerse en cuenta que la técnica que seguía con las imágenes, con sus sueños, fantasías y visiones, no sólo consistía en amplificarlos transportándolos a los grandes escenarios míticos y legendarios, sino también en lo que podríamos llamar "densificación", es decir, convertía los espectros en seres, las apariciones fantasmales en personajes concretos, si bien simbólicos. Su capacidad de artista plástico no le abandonaban ni en la zona de las imágenes del inconsciente (...) Si realmente hay que establecer contacto con la realidad del inconsciente, con quien debe enfrentarse el individuo, con quien debe "dialogar" en la medida en que aceptemos esta expresión, es con los arquetipos, o sea, puesto que éstos son invisibles, con las imágenes en las que se encarnan".

Pues bien, el método junguiano por excelencia para avanzar plenamente en la exploración del inconsciente es la Imaginación Activa. Consiste, básicamente, en un "dejarse llevar", en un "dejarse hacer psíquicamente", pero estando consciente de tal situación y asumiéndola intelectual y éticamente. En síntesis podríamos decir que radica en expresar los contenidos del inconsciente que irrumpen en el campo de acción del yo o ego, dotándoles de una forma estructural: dibujándolas, esculpiéndolas, bailando, escribiendo poemas u otras expresiones literarias, hablándolas, etc. Así, por ejemplo, uno puede soñar con una imagen y luego la puede plasmar en un dibujo otorgándole color, rasgos y características concretas que quizás no corresponden plenamente con la imagen onírica, pero que, no obstante, tiene su nacimiento y foco de atracción en ella. Y lo que surge en tal caso es una fantasía activa, la cual habrá que intentar comprender y ante la cual hay que adoptar una actitud ética.

Marie Louise von Franz, en su magnífica obra "C.G.Jung. Su mito en nuestro tiempo" (Fondo de Cultura Económica), explica lo que es la Imaginación Activa al indicar que se trata "de dejar surgir del inconsciente , estando despierto, emociones, sentimientos, fantasías, ideas obsesivas o imágenes oníricas, en una actitud desprovista de atención crítica y abordando las imágenes interiores como si se tratara de presencias objetivas". Ella recomienda el diálogo escrito como "la forma más diferenciada y que casi siempre conduce más lejos". Esta técnica ayuda a comprender "que toda fantasía constituye un auténtico proceso psíquico, que nos asalta, convirtiéndonos en figura actuante y paciente a un tiempo en un drama interior". Y ante tal escenificación no hay que ser un simple observador sino que hay que actuar, pero no como si eso fuera únicamente "pura fantasía", sino como si fuese real. Y no basta luego con "comprender" , sino que hay que hermanarlo con un compromiso ético, moral, y de esta forma "la corriente de  as imágenes interiores comienza a servir para la construcción de la totalidad personal, es decir, para la Individuación y para establecer una seguridad íntima capaz de resistir el asalto de los problemas exteriores e interiores".

viernes, 26 de noviembre de 2010

Perlas de las Memorias de Jung

Muchas se pueden entresacar. He aquí las que ha encontrado en un portal de Raúl Barral Tamayo:

  • Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente.
  • Lo que se es según la intuición interna y lo que el hombre parece ser sub specie aeternitatis se puede expresar sólo mediante un mito. El mito es más individual y expresa la vida con mayor exactitud que la ciencia.
  • La ciencia trabaja con conceptos de término medio que son demasiado generales para dar cuenta de la diversidad subjetiva de una vida individual.
  • Lo más difícil en la configuración de una autobiografía consiste en que no se posee ninguna medida, ningún terreno objetivo desde el cual juzgar.
  • El hombre no puede compararse con nada. Una persona es un proceso psíquico al que no domina, o sólo parcialmente.
  • En el fondo, uno nunca sabe cómo ha ocurrido nada.
  • Sólo me parecen dignos de contar los acontecimientos de mi vida en los que el mundo inmutable incide en el mutable.
  • Mis sueños e imaginaciones constituyen la materia prima de mi trabajo científico.
  • Me vino por primera vez la convicción de que existen elementos anímicos arcaicos que pueden inculcarse en el alma individual sin que procedan de la tradición.
  • Se me ocurrió que en realidad yo era dos personas distintas. Una era el escola y la otra era la importante y de gran autoridad.
  • Fue la intención de Dios el que Adán y Eva tuviesen que pecar.
  • Me resultaba odiosa toda rivalidad, y cuando alguien convertía el juego en competencia, me separaba del juego.
  • Las contradicciones entre las personalidades 1 y 2, que me han acompañado durante toda mi vida, no tienen nada que ver con un “desdoblamiento” en el sentido usual en medicina. Tales contradicciones se encuentran en todo hombre. Principalmente son las religiones las que siempre han hablado del número 2 como del “hombre interior”. En mi vida la personalidad 2 ha desempeñado el papel principal.
  • Soy responsable y de mí depende cómo se me presente el destino.
  • El “verdadero conocimiento” consiste en un instinto, o en una participación mística con los demás.
  • Dios, por lo menos para mí, era un de las experiencias más evidentes e inmediatas.
  • Sólo en el maestro Eckhart sentí un soplo de la vida sin llegar a comprenderlo por completo.
  • El gran descubrimiento de mi investigación fue Schopenhauer. Era el primero que hablaba del sufrimiento del mundo, que nos envuelve de modo invisible y avasallador, de la confusión, de la pasión, y del mal, que los demás parecían apenas observar y que querían resolver en armonía y claridad.
  • La teoría del conocimiento de Kant significó para mí una revelación mayor que la imagen “pesimista” del mundo de Schopenhauer.
  • Descubrí que la pobreza no era ninguna desventaja ni mucho menos la causa primordial del sufrimiento y que los hijos de los ricos no se encontraban en absoluto en ventaja respecto a los muchachos pobres y mal vestidos. Existían razones mucho más profundas para la felicidad y la desgracia que la cuantía del dinero disponible.
  • Estos dos sueños me persuadieron definitivamente por las ciencias y desvanecieron todas las dudas a este respecto.
  • Por lo menos una parte de nuestro ser vive en los siglos, aquella parte que para mi uso privado he designado la número 2.
  • No era capaz de comprender cómo un argumento del todo racional pudiese chocar con una oposición emotiva.
  • El pecado capital de la fe me parecía consistir en que prescinde de la experiencia.
  • Mientras que Fausto me abrió una puerta, Zaratustra me cerró otra de manera radical y por mucho tiempo.
  • Comprendí que no se llega a ninguna parte cuando no se habla de cosas que son conocidas por todos.
  • Una nueva idea o incluso una opinión insólita sólo puede divulgarse a la luz de los hechos.
  • Las ideas fijas y las alucinaciones no son sólo síntomas específicos de las enfermedades mentales, sino que tenían también un sentido humano.
  • Se es un acontecimiento que uno mismo no puede juzgar, sino más bien depende del juicio de los demás.
  • En muchos casos psiquiátricos el paciente tiene una historia que no se relata y que por regla general nadie conoce. Constituye el secreto del paciente en el cual éste se ha destrozado. A la vez encierra la clave para su tratamiento. El médico sólo debe saber cómo averiguarlo.
  • Al principio, adopté también la hipnosis en mi consulta privada, pero muy pronto la descarté porque con ella se obra a ciegas. Me interesaba mucho más saber por el propio paciente hacia dónde iba él. Para ello necesitaba realizar cuidadadosos análisis de los sueños y de otras manifestaciones del inconsciente.
  • Los diagnósticos clínicos son importantes, puesto que dan una cierta orientación, pero no ayudan en nada al paciente. El punto decisivo es la cuestión de la “historia” del paciente, pues descubre el trasfondo humano y el sufrimiento, y sólo entonces puede determinarse la terapeútica a seguir.
  • Lo que había consderado absurdo en los enfermos mentales no era en modo alguno tan “loco” como parecía. Me di cuenta más de una vez que en tales pacientes se oculta en el trasfondo una “persona” que debe definirse como normal y que en cierta medida es testigo.
  • En la psicosis se oculta una psicología general de la personalidad.
  • En los enfermos mentales sólo es visible exteriormente la trágica destrucción y sólo excepcionalmente la vida de aquel aspecto del alma que se nos oculta.
  • Yo trato a cada paciente lo más individualmente posible, pues la solución del problema es siempre personal.
  • Una verdad psicológica es solamente válida cuando se puede cambiar.
  • El psicoterapeuta no debe sólo comprender al paciente; es igualmente importante que se comprenda a sí mismo.
  • Cada terapeuta debería tener un control a través de una tercera persona, para obtener así otro punto de vista. Incluso el Papa tiene un padre confesor.
  • Esta profesión requiere una formación general muy larga y metódica que sólo poseen los menos.
  • La relación entre médico y paciente puede conducir en ocasiones a fenómenos de naturaleza parapsicológica, especialmente cuando se produce una transferencia del paciente o  una identificación más o menos inconsciente entre médico y paciente.
  • He visto con mucha frecuencia que los hombres se vuelven neuróticos cuando se conforman con respuestas insatisfactorias o falsas a las cuestiones de la vida.
  • He tenido muy pocos casos que quedaran fuera de mi alcance, muy raramente tuve que renunciar a un paciente.
  • A los pacientes más difíciles y desagradecidos pertenecen, según mi experiencia, junto a los habituales mentirosos, los denominados intelectuales, pues en ello una mano ignora lo que hace la otra.
  • Con un intelecto no controlado por sentimiento alguno, todo se puede solucionar y, sin embargo, se tiene una neurosis.
  • Freud, en el mundo académico de aquella época, era persona no grata. La “gente importante” le mencionaba, todo lo más, a escondidas y en los congresos se le discutía sólo en los pasillos, nunca en las sesiones.
  • Una verdad científica era para mí una hipótesis posible por el momento, pero no un artículo de fe para todos los tiempos.
  • Se plantea la cuestión de cómo aparece o desaparece el miedo, el remordimiento, la culpa, la coacción, la inconsistencia y la impulsividad.
  • Si Freud hubiera observado mejor la verdad psicológica de que la sexualidad es numinosa, es un Dios y un Diablo, no se hubiera quedado atascado en la estrechez de un concepto biológico.
  • Siempre que el alma es sometida a una brusca oscilación, existe el peligro de que los hilos, de los cuales cuelga, se rompan. De este modo, un hombre cae en un absoluto “sí” y otro en un “no”, igualmente absoluto.
  • Freud había formulado ante mi repetidas alusiones a que me consideraba su sucesor.
  • Para mí los sueños son naturaleza a la cual no es inherente ninguna tentativa de engaño, sino que expresa algo, lo mejor que puede.
  • Lo inconsciente, así como los sueños, su expresión inmediata, son un proceso natural en el cual no cabe nada arbitrario ni intención engañosa alguna.
  • La experiencia cotidiana me enseñaba cuán tenazmente se oponía el inconsciente a las tendencias de la consciencia.
  • Los hombres que nada saben de la naturaleza son neuróticos, pues no se adaptan a la realidad.
  • Un modo de vivir totalmente razonable es en la práctica generalmente imposible, máxime cuando, en principio, se es un neurótico.
  • Es un error muy frecuente pretender que no he sabido ver el valor de la sexualidad.
  • Se puede decir que la actual consciencia cultural, en su expresión filosófica, no ha aceptado todavía la idea del inconsciente y sus consecuencias, a pesar de que se la confronta con él desde hace más de medio siglo. La idea fundamental y básica de que nuestra existencia psíquica tiene dos polos continúa siendo una tarea del futuro.
  • Me sentía muchas veces tan inquieto que debía dominar mis emociones mediante ejercicios de yoga.
  • Los indios practican los ejercicios de yoga con el objeto de eliminar por completo la multiplicidad de cuestiones e imágenes psíquicas.
  • Donde hay una voluntad se encuentra un camino.
  • La consecuencia de ocuparme de cosas que ni yo ni los demás podían comprender consistió en un gran aislamiento. Me preocupaban pensamientos sobre los cuales no podía hablar con nadie; sólo hubiesen sido mal entendidos.
  • No existe un desarrollo lineal, sólo existe la circunvalación del uno mismo.
  • Me costó cuarenta y cinco años incluir en el costal de mi obra científica las cosas que entonces sentía y anotaba.
  • Cuando comencé a comprender la alquimia reconocí que por medio de ella se produce la vinculación histórica con el gnosticismo, o neoplatonismo, por la alquimia se constituye la continuidad del pasado hasta la actualidad.
  • La psicología del inconsciente había sido establecida por Freud con los motivos gnósticos clásicos de la sexualidad.
  • Muy pronto vi que la psicolgía analítica concordaba notablemente con la alquimia.
  • Sin historia no exite psicolgía, y menos aún la psicolgía del inconsciente.
  • El secreto de Goethe era que estaba afectado del proceso de transmutación arquetípica, que evoluciona durante siglos.
  • Mi vida se resume y compendia en una obra y un objetivo: adentrarme en el secreto de la personalidad.
  • Todo juicio del hombre está limitado por su tipo y todo modo de considerar las cosas es relativo.
  • En el año 1939 organicé un seminario sobre los “ejercicios espirituales” de Ignacio de Loyola.
  • Casi todos los problemas que me interesaban humana o científicamente iban acompañados o eran iniciados por sueños.
  • Prescindí de electricidad y yo mismo cuido del hogar y la estufa. Tampoco hay agua corriente, debo extraer el agua yo mismo mediante bombas.
  • Mi abuelo fue un inteligente francmasón y un Gran Maestre de la logia suiza.
  • Los rosicrucianos procedían de la filosofía alquímica o hermética.
  • El futuro se prefigura a largo plazo en el inconsciente.
  • No se vive ya de lo que se posee, sino de promesas, no a la luz del presente día, sino en las tinieblas del futuro en que se guarda el auténtico amanecer.
  • Cuanto menos comprendamos lo que buscaron nuestros padres y antecesarores, tanto menos nos comprendemos a nosotros mismos.
  • El pueblo indio es extremadamente reservado e impenetrable por completo en lo que respecta a su religión.
  • El cristianismo aspira al bien y queda a merced del mal; el indio, por el contrario, se siente al margen del bien y del mal o busca alcanzar este estado mediante la meditación o el yoga. El objetivo del indio no es la perfección moral, sino el estado de nirvana.
  • No puedo liberarme de nada que no posea o no haya experimentado o realizado todavía.
  • Un hombre que no haya pasado por el infierno de sus pasiones no las habrá dominado todavía.
  • En el cristianismo se padece más, en el budismo se ve y se hace.
  • Nunca he escrito expresis verbis sobre una vida después de la muerte, pues en tal caso hubiera tenido que justificar mis ideas y esto no se puede hacer.
  • Racionalismo y doctrinarismo son las enfermedades de nuestra época; ellas pretenden saberlo todo.
  • Los muertos preguntan como si no dispusieran de la sabiduría total o de la consciencia absoluta, como si tan sólo pudieran penetrar en el alma corporal de los vivientes.
  • El conocimiento presupone, como la procreación, una oposición, un aquí y un allí, un arriba y un abajo, un antes y un después.
  • Hombres a los que se desearía una larga vida desaparecen a mitad de su vida y hombres inútiles alcanzan una avanzada edad. La brutalidad y arbitrariedad de la muerte puede amargar a los hombres hasta el punto de que concluyan que no existe Dios misericordioso alguno, ni justicia ni bondad.
  • La necesidad mítica del hombre occidental requiere una imagen evolutiva del mundo con principio y fin. Rechaza tanto un fin que sólo tenga principio como la concepción de una rotación estática, eternamente cerrada en sí misma. El hombre oriental, por el contrario, parece poder tolerar la última idea.
  • El mundo al que vamos después dee morir será espléndido y terrible, tal como la divinidad y la naturaleza conocida por nosotros. Tampoco puede imaginar que dejen de existir las desgracias.
  • Me parece probable que también en el otro mundo existan ciertas delimitaciones.
  • La cuestión decisiva para los hombres es: ¿guarda relación con lo infinito o no? Esto es el criterio de la vida.
  • El sentimiento de lo infinito sólo lo alcanzo, sin embargo, cuando estoy limitado al máximo.
  • Cuando se dice que soy sabio o un “erudito” yo no puedo aceptarlo.
  • Yo percibo en cierto modo los procesos del subconsciente y por ello tengo seguridad interna. El que no ve nada, tampoco tiene seguridad, ni puede sacar conclusión alguna o no confía en las propias conclusiones.
  • La soledad no surge necesariamente en oposición a la comunidad, puesto que nadie siente más la comunidad que el solitario, y la comunidad florece tan sólo allí donde cada individuo rememora su propia singularidad y no se identifica con los demás.
  • No puedo formarme un juicio definitivo porque el fenómeno de la vida y el fenómeno del hombre son demasiado grandes.
  • De nada estoy seguro del todo. No tengo convicción alguna definitiva, propiamente de nada. Sólo sé que nací y existo y me da la sensación de que soy llevado. Existo sobre la base de algo que no conozco.