Mostrando entradas con la etiqueta Grial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grial. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de noviembre de 2011

Ramana Maharshi y Jung -3- Mi opinión



Podría escribirse un libro para ahondar en las razones por las que C.G. Jung (1875-1961) no quiso desplazarse desde Madras al ashram de Ramana Maharshi (1879-1950) en Tiruvannamalai, al pie del monte sacro Arunachala, a comienzos de 1938 durante su viaje por India. Se han formulado muchas hipótesis al respecto e incluso Jung dio diversas explicaciones a lo largo de su vida.
 
En Calcuta Jung tuvo que pasar diez días hospitalizado tras enfermar de disentería y, convaleciente, recaló luego en el puerto de Madrás, que se encuentra a casi 200 kms de Tiruvannamalai por malos caminos. Jung tenía 62 años. ¿Quizás se sintió débil físicamente para adentrarse por el sur de la India hasta el áshram de Ramana Maharshi?  Tal excusa no la da Jung en ningún momento, que yo sepa, así que no habrá que tenerla como motivo suficiente.

En mi opinión lo que se desprende de la lectura de los textos de Jung referidos a Ramana Maharshi para explicar su negativa a verle es que realmente no estaba a la sazón interesado por las enseñanzas de Ramana Maharshi (cuatro años más joven que Jung, por cierto). Creo que le consideraba “un gurú más del montón” y no, precisamente, de los más interesantes para él. Y sobreentiendo asimismo que los gurús no tenían nada que ofrecerle a él, pues consideraba que no estaban “individuados” sino subsumidos por una identificación con el arquetipo del “Viejo Sabio”, o sea, que sufrían una “inflacción psíquica” (en la terminología jungiana). 

domingo, 30 de octubre de 2011

Jung y Oriente, Viaje a India

Transcrito de sus memorias (Recuerdos, sueños, pensamientos), libro imprescindible para una correcta comprensión de la vida y y obra de C.G. Jung (1875-1961)


El viaje a la India (1938) no surgió por mi propia voluntad sino que he de agradecerlo a una invitación del Gobierno indio-británico a participar en las festividades que tenían lugar con ocasión del jubileo de los 25 años de la Universidad de Calcuta.

Por entonces había leído ya mucho acerca de la filosofía india y la historia de la religión y estaba profundamente convencido del valor de la sabiduría oriental. Pero debía viajar, por así decirlo, como un ser autárquico y permanecí en mí mismo como un homúnculo en el alambique. La India me impresionó como un sueño, pues buscaba y me busco a mí mismo, a mi propia verdad. Así, pues, el viaje constituyó un intermezzo en mi preocupación intensiva de entonces por la filosofía alquímica. Ésta no me dejaba tranquilo, sino que por el contrario me indujo a llevarme conmigo el primer tomo del Theatrum Chemicum de 1602 que contiene los escritos más importantes de Gerardo Dorneo. En el transcurso del viaje estudié el libro desde el principio hasta el final. De este modo se estableció un constante contacto entre el ideario de la Europa antigua y las impresiones de un espíritu cultural extraño.

Ambas cosas procedían en línea directa de las primitivas experiencias anímicas del inconsciente y por ello se establecen consideraciones iguales o semejantes o por lo menos comparables entre sí.

En la India estuve por vez primera bajo la impresión inmediata de una cultura extraña, altamente diferenciada. En mi viaje por África fueron decisivas impresiones distintas por completo a la cultura; y en África del Norte nunca tuve ocasión de hablar con ningún hombre que fuese capaz de definir su cultura. Pero ahora tuve ocasión de hablar con representantes del espíritu indio y de comparar éste con el espíritu europeo. Esto era de suma importancia para mí. 


V. Subramanya Iyer
Conversé bastante con V. Subramanya Iyer, el gurú del maharajá de Mysore, de quien fui huésped por algún tiempo, también conversé con muchos otros cuyos nombres por desgracia he olvidado. Por el contrario, evité el encuentro con los llamados «santones». Los evité porque debía contentarme con mi propia verdad y no me estaba permitido aceptar más que lo que yo mismo podía alcanzar. Me hubiera parecido un robo si hubiera querido aprender de los santones y aceptar para mí su verdad. Su sabiduría pertenece a ellos y a mí sólo me pertenece lo que procede de mí mismo. Tanto más cuanto que en Europa no puedo pedir ningún préstamo a Oriente, sino que debo vivir por mí mismo, de lo que dice mi interior o lo que la naturaleza me aporta.

No subestimo por completo la importante figura del santón indio, pero no está a mi alcance valorarlo correctamente como un fenómeno aislado. Así, por ejemplo, no sé si la sabiduría que él expresa es una manifestación propia o un proverbio que circula por el país desde hace mil años. Recuerdo un suceso típico en Ceilán. Dos campesinos conducían con sus bicicletas sus carros en dirección contraria en una calle estrecha. En lugar de la esperada disputa cada uno de ellos murmuró palabras de discreta cortesía que sonaban como «adûkan anâtman» y significaba: «Molestia pasajera, no hay alma (individual).» ¿Fue algo inusitado? ¿Era típicamente indio?

sábado, 8 de enero de 2011

Parsifal, de Mangrané y Serrano-Cinesofía 3

LO ARTÚRICO-GRIÁLICO EN LA LITERATURA Y OTRAS ARTES (6)
SORIAYMAS.COM- Ángel Almazán de Gracia - 25/11/2006


Pocas películas nos han llegado tan "dentro" como "Parsifal", film español de 1951, tan excepcional. Basada en la ópera de Wagner, y con su música de telón de fondo, esta visión cristiana del Grial es única.

 
DEL DIARIO DE ÁNGEL ALMAZÁN: Jueves, 10 de noviembre de 1983.- Bellaterra. Universidad Autónoma de Barcelona. (incorporado posteriormente este relato en el libro Y LA VIDA SIGUE...)  En Soriaymas hay otros muchos artículos griálicos.


Acabo de ver PARSIFAL en la sala de cine de la facultad de Ciencias de la Información. La película es española, muy antigua, pero ha sabido captar en toda su esencia la epopeya del Grial y de Parsifal. Está dirigida por Daniel Mangrané y Carlos Serrano de Osma.

Al final del filme, unas lágrimas se han deslizado por mis ojos. No he podido evitarlas porque el mensaje arquetípico-esotérico del PARSIFAL lo he sentido en mi alma.