viernes, 26 de noviembre de 2010

Alquimia en Jung -3-

La Albedo -Ángel Almazán

El siguiente paso es la integración consciente y responsable del arquetipo de "lo opuesto", es decir, del "Eterno Femenino" en el caso del hombre (arquetipo del "Anima") y del "Eterno Masculino" en el caso de la mujer (arquetipo del "Animus"). En la literatura, por ejemplo, la Beatriz de Dante en "La Divina Comedia", sería un ejemplo clásico de esta figura arquetípica que es el "Anima". El ser humano, tanto física como psíquicamente, es un conglomerado de opuestos. En nuestros genes hay elementos masculinos y femeninos, y otro tanto acontece en el psiquismo. Para el hombre el "Anima" se encuentra inicialmente sumergida en el inconsciente personal, confundida y entremezclada con la "Sombra", pero una vez que ésta ha sido integrada, se transforma el "Ánima" en un "puente" que nos enlaza con lo psicoideo, con el inconsciente colectivo y sus arquetipos. Es el elemento mediador. Ahora bien, como señala M.L. von Franz, "naturalmente, durante este período prosigue también el lavado, la calcinación, etc, de la "nigredo", pues la "Sombra" se asemeja a la hidra de Lerma, con la que luchó Hércules y a la que nacían constantemente nuevas cabezas en lugar de las cortadas" ("C.J.Jung...").

En el plano psicológico durante la "Albedo" se parte de la labor de retirar las proyecciones que el arquetipo del "Anima" (estoy hablando para hombres, en este caso) emana hacia las mujeres de nuestra vida, desde la madre a la hermana, a las novias, a la esposa, a la "star system"..., etc. Y una vez lograda esta fase inicial llega el momento de encararse con el "Anima" e integrarla conscientemente dentro de nuestro ser, previa superación del problema de la transferencia para lo cual habrá que tener bien presente que la "Amada" donde se encuentra realmente es dentro; tema que Jung abordó principalmente en "Psicología de la Transferencia" en donde habla igualmente del papel que desempeñaba la "Soror Mystique" del alquimista.

En una relación amorosa o erótica entre hombre y mujer las relaciones interpersonales son múltiples puesto que además de la relación entre los Yoes conscientes, existe una comunicación a nivel inconsciente en la que participan entrecruzadamente el Ánima y el Ánimus de ambos. De ahí que, en el Proceso de Individuación y en el Opus de la Alquimia, uno de los graves peligros existentes sea el de la transferencia o, lo que es peor, la pasión amorosa. La imagen de este encuentro y diálogo con el Ánima es la "coniunctio", la hierogamia entre el alquimista y su "Soror Mystique", entre el Rey y la Reina de los grabados alquimistas, la "boda química de los elementos", etc. Y lo que surge de ello es el Rebis, la "cosa doble", el Andrógino. "De ella surgirá el hijo divino de los filósofos, el sol terrestre, el centro luminoso y oscuro a la vez, el astro radiante que reconcilia en sí al Cielo y a la Tierra, el sí y el no, y que esparce a su alrededor una paz y una armonía venidas de fuera", poetiza el junguiano Etienne Perrot en "El camino de la transformación a partir de C.G. Jung y la Alquimia "(Edicomunicación), libro en el que Perrot intenta conciliar la tesis junguiana alquimista con la de la Tradición esotérica. Este simbolismo es equiparable al que presenta el tantrismo, en el que las dos corrientes energéticas opuestas se entrecruzan en el canal central, Sushuma, abriendo los chakras ("centros de conciencia" los denonima Jung en el libro de Miguel Serrano "El Círculo Hermético. Cartas de dos amistades, Jung y Hermann Hesse", Kier), mientras el semen del hombre no fluye hacia afuera, sino hacia adentro, generando un "hijo del espíritu", como también se describe en "El Secreto de La Flor de Oro".

Veamos lo que dice M.L.von Franz, en "C.G.Jung...", al respecto: "Los participantes en la "boda alquímica" son descritos casi siempre como hermano y hermana, madre e hijo o padre e hija. Su unión constituye pues un incesto. Este aspecto incestuoso de tal constelación amorosa tiene como fin el de que hagamos consciente la proyección, es decir: nos obliga a darnos cuenta de que, en último término, se trata de una íntima unión de los componentes de nuestra propia personalidad, de un "desposorio espiritual", a fin de que sea una vivencia interior no proyectada.

A lo que se alude es a una unificación de los contrarios internos en el Sí-Mismo".

Nota: texto transcrito de la tercera parte de Jung y la Alquimia en Soriaymas.

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